Pampa de las Invernadas – xxº latitud sur xxº longitud oeste - Pcia. De San Luis – Enero de un Año Olvidado
“Un viejo baqueano de la zona mira el cielo y dice: cuidado que por la noche va llover… miramos al cielo azul, las montañas bajo el sol fuerte, ni una nube. Nuestras miradas se cruzan como diciendo: este viejo está loco”
20 Horas después:
“Abro un ojo. Y espío por una rendija de mi poncho. Observo a lo lejos del horizonte algo maravilloso: esta clareando. Por el frio en mis huesos, me olvido de lo poético del asunto y me concentro en que pase rápido. Lo más rápido posible…”
Estrujado al lado mío está el Pibe Sensei, temblequeando pero asombrosamente dormido. Del otro, mi hermano Nico atrás “El Tuerca” y Cordero mantienen una conversación en voz baja como queriendo no despertar a la abuela... logro escuchar algo así como ampollas, paspaduras, hongos o similar. Todos sentados y tapados con ponchos y camperas. Cobijándonos apretados contra una pared de una casa abandonada. En el pueblo fantasma de La Carolina, una población con una vieja mina de oro ya inutilizada. Todo nuestro equipo está empapado por una lluvia torrencial que nos agarro en plena noche y a casi 2000 m.s.n.m. en un lugar llamado Pampa de las Invernadas, en la Pcia. de San Luis. Una extensa planicie a más altura de lo que conviene que te agarre un chaparrón fuerte y frio, sobretodo frio.
¿Que resulta de un rally en plena montaña? Buena pregunta y miles e inciertas respuestas esperan.
El mismo era compartido por tropa Raider y Clan Rover, todos guiados por la buena estrella que tenía “El cuervo”, y luego de caminar todo el día bajo un sol brillante y un cielo azul profundo, paramos alrededor de la 2100 horas. Se prendió una fogata con ramerio escaso de la zona, se cocino algo, todos estaban de buen humor, chistes, jodas. A las doce de la noche, las estrellas se convirtieron en un cielo marrón fosforescente. No todos lo percibieron.
A la o1: oo hs. estaba dentro de mi bolsa de dormir. El resto, más joven, todavía bajando de la euforia del día soleado, jugaba con las brazas que quedaban de una fogata. Las risas todavía se escuchaban cuando me asome para pedir silencio… Sí, todo un corta mambo yo!
En ese trámite mire el cielo e intuí que la noche se iba a cortar de forma drástica. Dramática. Lamentablemente no me equivoque. Al ratito nomas se empezó a escuchar un ruido ensordecedor, que no sabíamos de donde provenía… hasta que el misterio se develo.
Ya con la tropa acostada, pero todavía risueña e inconsciente del peligro, el agua venía pegando fuerte contra las rocas de la sierra, y esto se escuchaba retumbar como los truenos contra la tierra desde muy lejos. Se noto que avanzaba a buena velocidad, ya casi al instante, y como si fueran mil millones de toneladas de agua fría en forma de gotas grandes, la tormenta se abalanzó sobre el campamento volante de fin de año. Al unísono.
Fue el espectáculo más escalofriante que vimos en forma de lluvia de nuestras cortas vidas. El cielo se ilumino. No creo que alguien que haya estado ahí haya visto algo parecido después de esa experiencia. Además de la Adrenalina que te sube al saber que estas a 25 km (perdidos en la montaña) del poblado más cercano con unos 20 chicos de 14 a 19 años. Todos bajo los Sobre-techos, que habíamos llevado como protección nocturna y metidos en su bolsa de dormir, queriendo zafar del agua. Pronto empezó a correr por el piso casi de forma automática. Y con un pequeño torrente de agua helada en las espaldas y glúteos. Parecía proveniente de un rio glacial, verdaderamente muy fría. Esteban propuso un Padrenuestro. Sin objeciones empezamos a rezar.
Escucho tu voz... Susurro tu nombre…
Al ratito escucho como alguien entona una canción de cancha. Con bronca en su voz. Y fuerza en su espíritu. Se trata de Adrian Cordero. Hincha fan de San Lorenzo de Almagro. Estaba en cueros… saltando afuera… a cielo abierto…Revoleando su remera… y tratando de entrar en calor. En ese momento (bastante absurdo por cierto) me di cuenta de la inutilidad de seguir metido en el vivac, ya que nos estábamos inundando por debajo. Congelándonos de forma estática. Se escuchaban lloriqueos…burlas…risas…rezos…suplicas…puteadas. Una mezcla extraña. Se dio la orden de abandonar la poca protección del refugio y salir afuera donde las baldadas de agua iban en aumento. El chorro de agua por la nuca recorre las espaldas, helado como el sudor frio. Mucha bronca y bocas temblando-temblequeando-tiritando. Todo iluminado por una especie de luz de rayos, nos veíamos las caras de locos y nuestro ojos desorbitados. Y empezamos a cantar. No quedaba otra. Lo consulto con Esteban y decidimos bajar por el camino por donde veníamos. El frio era extraordinariamente intenso. Había chicos que lloriqueaban, otros se quejaban y la verdad que hubo un poco de susto y estuvimos al borde del caos total. La voz del jefe inspiro disciplina y pudimos sobreponernos a la penosa situación.
Empezamos la bajada resignados. No solo por el frio sino también por el hecho de retroceder en el mapa. Significaba abandonar el Rally y eso no nos gusto nada. Sobre todo a los más antiguos. Era la primera vez que nos pasaba de tener que tomar una decisión de semejante peso. Pero decíamos: “…hay que saber cuándo parar…”.
Íbamos desandando la misma picada recorrida el día anterior, por la piedra resbaladiza y filosa. Al poco tiempo algunos no querían caminar mas y se entregaban, se tiraban al piso, llorando, insultando, mientras los mas scout venían jodiendo y riéndose contando chistes. En una de esas alguien se niega a seguir. No hay forma de hacerlo avanzar ni un paso más. Se echo cual vaca hindú en la carretera. Le propongo llevarle su equipo a cambio de que reanude su marcha. Acepta a regaña dientes. Entonces cargo su mochila por encima de la mía. Los minutos pasan, dan lugar a los ratos. Una hora. Dos. Tres. Poco a poco vamos quedando cinco o seis rezagados cerrando filas y apretando el paso de los más cansados. Creo que Nico, Sensei, Tuerca, Waldo, Adrian y yo. Es decir la Columna de los Infernales.
Esteban, como siempre abriendo camino, copò el pueblo bastante más temprano que nosotros y no lo encontramos al llegar. Estaba todo oscuro y vacio, esto dio al paisaje algo tenebroso. Con la gente temblando de frio, el Cuervo se dirigió a la parroquia. Que en esas horas de la madrugada obviamente estaba desértica. Al lado de la iglesia había unas construcciones que parecían ser dependencias de la misma. Con ventanales se veía hermosa por fuera. Esteban no tuvo otra opción que romper la cerradura con algo contundente y entrar. Era un comedor parroquial. Todavía no estaba en funcionamiento (le faltaban detalles) pero estaba mucho más calentito que a la intemperie.
Mientras tanto, Nico, Sensei, Waldo y Tuerca, que caminaban como Cowboys por estar todos paspados mal, venían más atrás. Adrian y yo buscamos, al llegar al pueblo, algún reparo. No encontramos nada mas cobijante que una pared de una casa que parecía abandonada y nos acobachamos debajo de un alerito. Dejo de llover y el vientito empezó a soplar. Al rato se sumaron los “paspetti” y todos empapados nos acurrucamos debajo de los ponchos. Bien apretados contra la pared. Estábamos tan cansados que casi nos dormimos. No daba ganas ni de mover un dedo. El agua de la ropa empezó a entibiarse. Y nuestra piel se arrugo cual viejito en jacuzzi.
Cuando la luz comenzó a ser un poco más fuerte, decidimos con mucho pesar, levantarnos (habíamos logrado entrar en calor), y empezar a recorrer la zona nos hizo sentir un frio nuevo. Caminamos sin rumbo durante más o menos media hora, hasta que descubrimos la posición de la tropa. Cuando entramos al salón, estaban todos los Raiders con los calentadores encendidos y la ropa e x t e n d i d a. Ya entrados un poco en calor, preparando sopas instantáneas. El humor era levemente mejor. Recién luego de un rato largo pudimos acostarnos y descansar algo. Otros se quedaron despiertos hablando en voz baja. Con el estomago caliente y lleno los fantasmas de la noche amainaron. Fue saliendo el sol. Ahí dormite un poco más profundo. Los sueños fueron de caminata y agua fría. Repetitivos y Obsesivos.
Cuando desperté estaban todos dormidos menos Esteban. Conversamos un ratito y llego alguien que evidentemente tenía que ver con el lugar. El Cuervo ofreció sus disculpas y dinero para reparar la cerradura rota. Ese alguien se negó aceptarla comprendiendo la situación que habíamos vivido. Le dimos las gracias amablemente. Nos pidió que dejemos todo limpio. Hacia las tres de la tarde todos estaban levantados y heridos. Dolían las piernas, los pies, la espalda… todo. Sacamos afuera los equipos, a secarse al sol. Todo extendido en el piso. Ahora si nos reíamos con fuerza. El sol irradiaba luz, calor y amor. El cielo volvió a ser azul en extremo. Decidimos volver al campamento base lo antes posible, ya que, perdiendo ese día, “se nos disparaban lo tiempos”.
Semicírculo general. Una breve reflexión de lo sucedido para todos. El jefe explico algo que me quedo en la memoria hasta el día de hoy. Lo bonito de un rally en la montaña, es justamente, aquello por lo cual puede fallar, lo difícil, lo arriesgado, es también el desafío. Si nos propusieran realizar algo con todas las probabilidades de lograrlo con éxito, esto carecería de belleza y de sentido Scout. En el medio de estos pensamientos recordé la simpleza y la humildad del viejo baqueano de la zona y su advertencia el día anterior, me reí en silencio.
LA BELLEZA DE LO IMPOSIBLE, pensé, es la llama mística que nos mueve y nos impulsa hacia adelante. A Caminar un kilometro mas. Avanzar hacia lo más alto, hacia la excelencia de Dios. A pesar de las dificultades. Como alguna vez me dijo el maestro Esteban Andres Corbo:
La meta es lo primero en fijarse pero lo último en conseguirse.
La lección de las derrotas cala más hondo que el sabor de las victorias o quizás el fracaso no exista!?
Todavía estamos volviendo…
El Samurái Inmortal
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