Lomada de
San Juan.
Un mosquito
se posa en mi nariz
Lo saco con
pocas ganas
Unas gotas
de sudor corren por mi frente arrastrando casi todo el cansancio de piernas
Y en mis
auriculares suena el partido de Boca-Riber en la bombonera
Son casi
las diez de la noche y está a punto de terminar empatado en cero.
Avanzamos
en silencio por el sendero oscuro
En otros
walkman estará sonando “preso en mi ciudad” o “divina tv führer”, seguro.
Apenas se
escuchan nuestros pasos, algún respiro, algún cacharro colgando y los
mosquitos.
Siempre los
mosquitos. Rondando, acosando.
Algún sorbo
de vino. Alguna caramañola. Algún machetazo y las estrellas.
En silencio
para no despertar a los duendes y espíritus del bosque.
Voy
primero, abriendo el paso, susurrando
bajito, mirando en la oscuridad, adivinando el camino. Atrás me siguen,
el Sensei,
el Bicho, Nashua, Tuerca, Emanuel, el Pampa, Cordero, Chiva….
La noche es
como una caricia.
En nuestras
mochilas se escuchan el crujir de mil botellas.
Los chicos
vienen silbando bajito.
Como no
querer despertar el monstruo de la lomada.
La brisa de
la noche está a punto de encantarnos para siempre.
Un barrito
produce un resbalón.
Una risita
apagada, da más lugar al silencio. A los ecos.
Voy
caminando y voy pensando, y se me cruzan mil ideas locas. Se me cruzan nudos,
cassettes, músicas, bebidas, transistores y pinturas y ampollas.
Paramos un
tach para acomodar algo de equipo. Ajustar alguna cinta. Para decidir hasta
donde caminaríamos aquella noche. Alguna conversación corta, algún chiste.
Recomenzamos
la marcha lenta y fatigosa. El silencio se insoportable y se rompe en un
segundo.
Al ver al
espectro delante de mí corre un sudor helado por la espalda. Una especie de
rayo me electrifica todo el cuerpo. A unos escasos 15 metros veo una figura
casi humana, Me pareció que tenía algo en la mano que no llegue a distinguir.
Mi imaginación lo transformo en hacha o algo así, quizás un machete o una
sartén para cocinarnos en su hoguera interminable.
El monstruo
y sus perros se despertaron. El guardián del tesoro, celoso, vigilante de sus
tierras y sus aguas.
Inmóvil.
Vociferante como fantasma furioso, iluminado apenas por la luna, nos corta el
paso.
Aquí ya
nunca podrán!!!! En la lomada de San Juan!!!!
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