miércoles, 25 de febrero de 2015

Lomada de San Juan.



Lomada de San Juan.

Un mosquito se  posa en mi nariz
Lo saco con pocas ganas
Unas gotas de sudor corren por mi frente arrastrando casi todo el cansancio de piernas
Y en mis auriculares suena el partido de Boca-Riber en la bombonera
Son casi las diez de la noche y está a punto de terminar empatado en cero.

Avanzamos en silencio por el sendero oscuro
En otros walkman estará sonando “preso en mi ciudad” o “divina tv führer”, seguro.
Apenas se escuchan nuestros pasos, algún respiro, algún cacharro colgando y los mosquitos.
Siempre los mosquitos. Rondando, acosando.
Algún sorbo de vino. Alguna caramañola. Algún machetazo y las estrellas.
En silencio para no despertar a los duendes y espíritus del bosque.
Voy primero, abriendo el  paso, susurrando bajito, mirando en la oscuridad, adivinando el camino. Atrás me siguen,
el Sensei, el Bicho, Nashua, Tuerca, Emanuel, el Pampa, Cordero, Chiva….
La noche es como una caricia.
En nuestras mochilas se escuchan el crujir de mil botellas.
Los chicos vienen silbando bajito.
Como no querer despertar el monstruo de la lomada.
La brisa de la noche está a punto de encantarnos para siempre.
Un barrito produce un resbalón.
Una risita apagada, da más lugar al silencio. A los ecos.
Voy caminando y voy pensando, y se me cruzan mil ideas locas. Se me cruzan nudos, cassettes, músicas, bebidas, transistores y pinturas y ampollas.
Paramos un tach para acomodar algo de equipo. Ajustar alguna cinta. Para decidir hasta donde caminaríamos aquella noche. Alguna conversación corta,  algún chiste.
Recomenzamos la marcha lenta y fatigosa. El silencio se insoportable y se rompe en un segundo.
Al ver al espectro delante de mí corre un sudor helado por la espalda. Una especie de rayo me electrifica todo el cuerpo. A unos escasos 15 metros veo una figura casi humana, Me pareció que tenía algo en la mano que no llegue a distinguir. Mi imaginación lo transformo en hacha o algo así, quizás un machete o una sartén para cocinarnos en su hoguera interminable.
El monstruo y sus perros se despertaron. El guardián del tesoro, celoso, vigilante de sus tierras y sus aguas.
Inmóvil. Vociferante como fantasma furioso, iluminado apenas por la luna, nos corta el paso.
Aquí ya nunca podrán!!!! En la lomada de San Juan!!!!


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