miércoles, 15 de julio de 2015

La Carrera de Pangea (El rally de los mil Demonios)



Uruxus
La Carrera de Pangea

Cuando el rio Won en china occidental trago y desapareció a 60 participantes definitivamente de sus aguas, los organizadores de la Carrera de Pangea pensaron en suspender la carrera para siempre y declararla universalmente inconstitucional. Cuando se dieron cuenta de la inutilidad de sus reflexiones y cavilaciones decidieron que la misma tenía carácter de infinita, no se preocuparon más allá de los periódicos y las noticias en su contra.
La carrera continuaría sin fin. A través de los más de 200 y pico de países. Miles de participantes corrían una carrera cuasi absurda e imposible. Donde se atravesaba los territorios vastos del mundo entero en casi todos los medios de locomoción que se pudiera imaginar, había partes que se corrían, otras se bicicleteaban, o se caminaban lisa y llanamente, había partes en que se utilizaban balsas o globos aerostáticos o a lomo de elefante o caballo o camello. Algunas partes se recorrían a lomo de cometas o barriletes o simplemente a caballito o "a cococho" de otro participante. Otras se nadaban.  O  se atravesaban océanos en buques mercantes como cocineros o de polizontes o también como ayudantes en pequeños veleros. (Hubo quien atravesó el océano indico en un simple kayak) Existían tramos en que estaba permitido y hasta recomendado utilizar el tradicional viaje a DEDO, es decir subirse a camionetas o camiones o simple vehículos familiares y avanzar de una forma más relajada por algunos kilómetros. Los mas de 240mil participantes recorrían así el mundo entero y los organizadores superaban diez veces ese número ya que las postas eran casi de números catatónicos, campamentos desperdigados por todos los accidentes geográficos que se pudiera imaginar, desde las planicies y las dunas del majestuoso Sahara, con sus tiendas beduinas y sus dromedarios invencibles  hasta las alturas del Tíbet, con los sherpas ayudando, cocinando y ofreciendo servicios de todo tipo, con sus comidas sabrosas y raras y con una bondad extrema.
El centro de África resultaba de una particular dificultad onerosa debido al calor y a las tribus de caníbales esparcidos de forma aleatoria por el Serenguettti. Los tigres de bengala también habían comido a varios participantes y la cosa venia mal.
Por otra parte circular por ciudades resultaba bastante fácil y hasta divertido era también más caro y más tentador de parar a descansar o a consumir liviandades como ir al cine o jugar al metegol en pueblos suburbanos.
No es inválido anunciar que la misma carrera era, en sí, extremadamente peligrosa. Ya que a los riesgos de recorrer los más rápido posible miles y miles de millas náuticas y terrestres, a esto se le sumaba los peligros de guerras entre países y o u asaltantes violentos o simples piratas que, en sus barcazas infames,  pretendían sacar algún objeto de valor a los pobres participantes o tomarlos de rehén y pedir alguna clase de rescate. Los corredores que en todo horario, salvo en horas nocturnas y de descanso, pechaban con sus remeras y números de orden de la carrera, correteaban en bici y anda saber cuánto más medios de transporte.
Los organizadores creían que, cuando un participante llegue a recorrer todos los bordes marginales del planeta entero, el Dios Uruxus se manifestaría de alguna manera y se salvaría a la humanidad toda del hambre y la enfermedad.
Pero lo cierto es que cuando el primer participante de ochenta y cuatro años llego por fin a la última posta final fue recibido por algunos pocos miembros del comité organizador que, con vítores y canticos de cancha de futbol de la B flameaban banderitas y globos de colores, entregaba el único premio:  una tostada con manteca y azúcar.