miércoles, 6 de julio de 2011

Dedicado a los que participaron


Recuerdos y Reflexiones sobre la 

“Expedición Salado I”

Dedicado a todos los que participaron.
(aviso.: para leer este texto se recomienda escuchar algún disco de los redondos, Cualquiera de ellos, pero especialmente  “oktubre” o “un baión para el ojo idiota” o “La mosca y la sopa” o “Bang Bang Estas Liquidado”)( También vale “Wish you were here” o ”The Dark side of The moon” de Pink Floyd)

 

 “Son las 4 de la mañana, nos levantamos con mi hermano Nico  y agarramos las mochilas. Ya están listas de, por lo menos, 2 horas atrás. Bolsa de dormir, rancho, equipo de supervivencia, brújula. Es de noche y no sabemos todo lo q vamos a vivenciar en este fin de semana. Estamos ansiosos. Y encima la noche calurosa nos excita aun más. Caminamos al centro. A paso rápido con las Topper blancas. Todo vacio y desierto. Algún q otro coche. Llegamos a la estación de Quilmes, que es el lugar de concentración y nos encontramos con el jefe de tropa: Esteban, “el Cuervo”.  Estaba solo y en silencio, pero siempre de buen humor. También preparado con su equipo.”

Día 1.  Preparación y  Salida.

“El pibe de los astilleros”

Estuvimos muchos días preparando todo lo referente a la expedición. Sobre todo las balsas que armábamos y desarmábamos en el jardín de la casa del “Cuervo”, cámaras de camión que recopilamos de gomerias y tirantes de 3x2  que fuimos a buscar a lo de otro amigo: sipalki.  Recuerdo muy bien la frase del “negro”: este remo que me voy a construir va ser el mejor, porque es de una sola pieza de madera dura. Tenía razón.
Teníamos algunos datos que nos dio Mario  “Shuren-Berger”  de cómo llegar y como hacer la travesía. Eran supuestamente 3 o 4 días bajando el rio Salado, desde la ruta 29 hasta el puente “las gaviotas”. Tomando varios trenes y micros llegábamos sin problemas. “los pescados te saltan en la balsa, no hace falta pescarlos…” había dicho. Ojala hubiera sido cierto.
Fue llegando el resto de amigos (algunos de los cuales se convertirían en hermanos) Carlitos “Escalante”, Daniel “el Pampa”, el Colorado Lucky, Sipalki, Kiki, Martin Mangui, Adrian Cordero, “El Topi” o “turista impostor” (como quieran llamarle), Nashua, “El Pibe Sensei”,  me falta alguien?

“Giles... Acá termina”

Tomamos un colectivo a temperley y de ahí un tren a no sé dónde, creo que Ezeiza. En ese momento que llega el tren, sin darnos tiempo a bajar, un malón de laburantes y toda la chusma que se puedan imaginar asalta el tren como un golpe comando. Entraron hasta por las ventanas. No lo podíamos creer, además del asombro que nos dimos con toda esa gente peleándose por los asientos para viajar a capital. En ese trámite alguien dice: “giles… Acá termina el tren.. Para que se pelean? Todo para acaparar asientos. Después nos causo mucha gracia. Claro, el tren volvía a salir en dirección a capital en breve. Luego de ahí, nos tomamos un micro que nos deja en la ruta 29 intersección con el rio salado.
Un largo viaje. Muy largo y tedioso. Llenos de calor. Con los terribles equipos que llevábamos, con infladores para las balsas, cámaras de camión, tirantes largos, cortos, medianos, remos, chalecos salvavidas, cajas con comida enlatada, alambres y herramientas, cuerdas, soguines, bidones para  agua potable, sobretechos, hachas, machetes, nuestras mochilas, etc. Parecía que nos mudábamos a una granja amish. Además de la tremenda ansiedad de todos.
Llegamos. Bajamos el puente y nos ponemos a laburar, excitación total, rápido, lo más rápido posible,  picamos algo creo. Pero nada importante. Armamos y armamos. Rápido. Acomodamos y distribuimos el equipo lo más justamente posible. Todo listo. Había dos balsas grandes (de 6 cámaras cada una) y una chica (de 3 cámaras) que era la del Cuervo. Todo arriba. Bien agarrado. No estaba bueno que alguna mochila se fuera a pique. Con las cosas de valor sentimental que llevábamos…
Se da la orden de botar las naves, no sin antes sacar las fotos obligadas del caso. Mi hermano Nico, recuerdo, sube al puente para  sacar la foto principal de la salida. A decir verdad, fue la primera vez que me subía a algo que flotara y la sensación de flotar en algo que construye uno con sus propias manos y con diseño propio, es muy poderosa y todos nos moríamos de la risa. Nos tirábamos agua con los remos, nos insultábamos cariñosamente, todos en la edad del pavo, fue muy fuerte. La idea era llegar a Gral. Belgrano sin tirarse al agua ni hacer mucha bulla. Remando tranquilos. Cargar agua potable en un camping con costa al rio y continuar lo que podamos bajando en el mapa. Luego de un rato remando, mi remo improvisado con una paleta amarrada a un caño de aluminio, se destartala. Me acorde de las palabras del Sipal sobre su remo. Me reí interiormente.
Navegamos todo lo que quedaba del día. Hasta el atardecer. Entre el Sipal, el Cuervo y yo, buscamos un lugar apropiado para acampar. Elegimos un lugar con árboles, sin playa casi, era con bastante vegetación, y con el sol cayendo en el bosquecito,  armamos el campamento. Sobretechos, fogón. Alguna cañita de pescar. Alguna galletita. Mate cocido. Calculando LAS CURVAS del rio, sacamos cuentas del los kilómetros recorridos, con el mapa topográfico, obeeeo.

 

Noche 1. Cena de mosquitos.

“Dos personas... Una bolsa de Dormir”

Al terminar la cena, Viandada con jardinera, El Cordero me dice: Adán… me olvidé la bolsa de dormir… (Silencio de más o menos un minuto) Que panchoo! No  lo podía creer. Me estaba pidiendo que le resuelva el problema,  de lo mas pavo, como se olvida de eso me dije yo. La cuestión es que, con Adrian, dormimos los dos dentro de mi bolsa de dormir. De lo más incómodos. Arreglamos que no íbamos a hacer cucharita ni en pedo, así que o estábamos los dos de frente o los dos de espaldas. Y cada tanto, en la noche, un codazo marcaba la hora de darse vuelta. El resto de amigos sin novedad. Cada uno dentro de su bolsa. Además de la escasa cena que nos dimos, nos dimos cuenta enseguida que los mosquitos cenarían mejor que nosotros. Empezaron con la bajada del sol. Insoportables. Así que el jefe nos recordó el sabio consejo nuestro párroco antes de salir: “el ajo ahuyenta todo mal”.  Y ya que teníamos un poco de ajo, lo machacamos, y  nos untamos todo el cuerpo con un poco de ese ungüento. Zafamos algo. Eso sí, no nos soportábamos ni nosotros el olor. Imagínense compartir la bolsa de dormir con alguien en ese estado de chivo y ajo. Luego de una fogata, como es costumbre, llena de chistes y jodas, nos acostamos. La noche estaba fría. Me dormí, escuchando en mi mente, algo de rocanrol.

Día 2. Día de risas.
 “Ji Ji Ji” El segundo día amaneció lindo y tranquilo. Tras despertarnos tipo 7 hs. Preparamos el desayuno y comenzamos a armar todo el equipo para la segunda jornada de navegación. Todo el mundo descubrió sus balsas a medio desinflar, así q entre gracias,  se repartieron las tareas de inflar, ajustar, preparar equipos, limpiar y guardar la basura. Todas las tareas eran  repartidas según las obligaciones de patrulla. Todo ajustado al máximo. De vuelta al agua. De vuelta las mismas sensaciones del día anterior. Remando, jugando a ser un poco piratas, en una de esas alguien decide remar más rápido que el otro bando. Y así empieza lo que se conoce técnicamente como una regata. Pero de forma improvisada. Además que las balsas no tienen la más mínima forma hidrodinámica, nosotros tampoco tenemos los brazos de los remadores profesionales. Ojo. Igual lo que empieza como un chiste, a veces, se convierte en  la carrera más cruenta y encarnizada. Al grito de Boga! Boga! Boga!, las patrullas van acelerando, riéndose al principio, más serios después. Hasta que los guías deciden gritar un poquito y hacer valer su experiencia en el grupo. Vamos carajo! No pueden ganarnos estos cagones!!. No puede ser!!!!!! Se rema con todo, con el corazón también. Con tal de ganar se deja todo. Sino también hay que soportar después las caritas de los rivales o adversarios. Y su mofa constante. En plena carrera la Plla Kilme se acerca a la orilla y observa con estupor el cuerpo hediondo de una vaca muerta flotando en el rio, toda hinchada. Un olor penetrante en la atmosfera.  Otro dice: así vamos a quedar si nos ahogamos… Silencio total. Seguimos remando fuerte.  En algún momento otro se da cuenta de la inutilidad de la carrera, ya que no se veía en ningún momento la línea de llegada, por cansancio o por desason general se abandona  bilateralmente. Entre sudor y lágrimas todos nos reímos. Hacía calor. Creo que fue Nashua, se tira al agua sin previo aviso. Una cosa muy de él. Esto de hacer algo con precaución no va con su estilo. Igual lo imitamos. Qué buena decisión. Todos lo seguimos. Uno por uno abandonamos la balsa. El agua esta fría pero muy buena. Nos refresca. Todos sabemos nadar, igual tenemos chalecos salvavidas.  Estuvimos casi todo el día en el agua, divirtiéndonos mucho. Solo paramos a almorzar, unas salchichas flotando dentro de su bolsa, por el calor, se habían hinchado. Una delicia. Me acorde de la vaca muerta.

 

“El Pañuelo Comunista”

“El Pibe” esta tan copado con la experiencia de navegar en una balsa estilo Robinson Crusoe, que va casi con el culo metido en el agua constantemente, no le importa. En nuestra mente suenan los redondos. Aquella solitaria vaca cubana, todo preso es político, todo un palo, salando las heridas, queso ruso. “El Pibe Sensei”  tiene algo atado al cuello, es un pañuelo rojo. Le queda muy bien. Se lo sube cuando se cansa del sol en la cabeza. Es un pañuelo todo rojo, de una tela muy fina, pero no es de mujer. Creo. No se lo hubiéramos perdonado ni al día hoy. Lo hubiéramos gastado eternamente. Ese gaste de chicos nomas. El pañuelo pasa a la posteridad con el nombre de “Pañuelo Comunista”.

“Canción para Náufragos”

El rio tendría entre 50 a 80 mts de ancho, según el lugar. Después de almorzar, se empieza a notar un efecto de escorado en la balsa de unos 10 o 15 grados de inclinación. Nos dimos cuenta que había una pinchadura en una cámara. Empezamos a navegar en dirección de la orilla cuando nos dimos cuenta que eran dos las pinchaduras en otra cámara. Pronto empezó la operación más riesgosa de toda la expedición. Parchar las cámaras en pleno rio. Aprovechando que las pérdidas se dieron de la parte de arriba, el agua no tocaba la perdida, (calculamos que fue por exceso de sol) rápidamente, entre Nashua, Sensei, Nico, se pusieron a parchar… primero, secar la parte afectada, luego lijarla, un poco del pegamento especial, el secado de la zona con un poco de viento artificial de unos buenos pulmones, y finalmente el parche bien limpio. Apretarlo con ganas. A posteriori, conectar el inflador, y darle con todo, lo más rápido posible. Salió todo bien gracias a la muy buena cohesión del grupo, la PATRULLA PAMPA.
 Hicimos otra parada técnica para probar la balsa, a ver cómo reaccionaba a las frenadas. La corriente era abundante y las amarradas costaban un poco. Había que acercarse paleando a la orilla y “clavar las guampas”. Clavar Uñas, aferrarse al pasto, y seguido alguien terminaba en el agua. Inmediatamente después del movimiento coordinado, uno tenía que establecerse en la tierra y con una cuerda aguantar la balsa, pegarla a la orilla. Después sacarla del agua y acostarla en el pasto boca abajo. Me acuerdo que en una ocasión, al jefe, en ese movimiento, se le cae una Victorinox verde muy buena. En el agua, en la orilla, pero ésta era algo profunda. En ese momento se escucho un uhhhh! general. Se hace un silencio. Esteban en el agua barrosa. Tanteando. Hasta que se le dibuja una sonrisa. La saca colgando de un dedo del agua. Embarrada, pero sana y salva.

Noche 2.
“Un Pacman en el Savoy”
Del mismo modo que la tarde anterior, paramos alrededor de las 2000 hs. De vuelta bajar de las balsas, (sacarlas del agua por precaución) y armar el campamento. Esta vez el lugar era más árido. No había arboles, solo arbustos pequeños. Era una playita de arena, muy linda, llana y suave.  Y con el sol en la frente nos dispusimos a distribuir las tareas. Refugio, fogata, comida, agua, pesca. Durante todo el día, el sol nos había pegado de lleno, y se empezaron a notar los rostros, torsos y piernas, bien rojos, y el Colo estaba aun peor. Nashua, experto en apodos le pone, “Freddy Arlequín”. Esta vez más temprano, nos acostamos, un poco más cansados que la noche anterior. De vuelta, el Cordero y yo, dentro de la misma bolsa y observando la misma regla. También, en silencio, la cabeza comienza a escuchar música, se cierran los ojos y uno empieza a ver.



 Día 3. Puente “Las Gaviotas”

“Maldición va a ser un día hermoso”

Temprano ya estábamos cansados de tanto sol, de la comida envasada o enlatada, picamos unas migas que sobrevivieron al vendaval de nuestros estómagos.
Empezamos la preparación de los equipos con el sol saliendo (me dio la sensación que muchos hubieran querido un día nublado y gris), nos dimos cuenta que, otra vez, teníamos una balsa con una cámara pinchada. Alguien la parcho y la inflo. Quemados, desahuciados, con casi nada de agua potable en nuestros bidones, flotando lentamente en la corriente marrón, íbamos a la deriva. Ya Sin remar. Hostigados por el sol de verano seguíamos navegando. Todo más silencioso, ahora sí que parecíamos náufragos. Sentí  ganas de que nuestra balsa vaya primero. Quería ser yo el que gritara: tierra a la vista!!!  cuando veamos el puente “Las gaviotas”, del cual supuestamente, estábamos relativamente cerca. Pero el  puente no aparecía. Tardo en llegar y lo que recuerdo fue ver a todos tapados del sol con ropas, telas, girones. Yo, en mi caso, me tape con una remera mojada constantemente. Una promesa en la cabeza. Pero en un momento, apareció y grite a las balsas de atrás. Todos rieron o por lo menos seo creí. 
Una vez bajo el puente (todo de cemento y bastante chico) (parecía un puente en medio de un campo, sin camino, sin nada) al reparo del sol de medio día, nos sentimos mejor. Esteban decidió que para volver, esperemos a que baje el sol, ya que la mayoría presentaba quemaduras. Había que retomar un camino de tierra unos 20 km. Y retroceder en el mapa.

“Fusilados por la Cruz Roja”

En esos momentos la tropa se quedo todo el tiempo prácticamente a la sombra del puente y descansando. Salvo Nashua que siempre le gusto el agua, y que seguía metiéndose. Y “El negro Sipal” agarro una cámara de camión de las balsas, que ya estaban empezándose a desarmar, se sentó, culo en el agua y se dejo llevar por la corriente, se relajo un rato. Su fortaleza Santiagueña le permitía todavía estar un rato al rayo de sol. Sacamos fotos. Sin movernos mucho, debido  al cansancio y las quemaduras, picamos algo, latas de carne envasada. Cuando paso la tarde y el sol comenzó a bajar ya estábamos listos para la caminata de regreso a Gral. Belgrano.
Empezamos a caminar con el sol de frente, todos tapándonos los últimos rayos de sol. Pero contentos de haber logrado el objetivo. Todos sanos y salvos. Siempre haciendo chistes, inventándonos algo gracioso.

“Esa estrella era mi lujo”

Caminamos. Caminamos. Se hizo de noche. Seguimos caminando. Ya sin agua. Todo era oscuridad, muchas estrellas, y el camino de tierra se veía con claridad. A lo lejos… un resplandor. El objetivo al que debíamos si o si  llegar.
Martin Mangui era el que venía más cansado. Inventaba cualquier excusa para parar. Pero eso era contraproducente, nos enfriábamos y era peor. Los pies se estaban hinchando. Era mejor llegar rápido. No parar más de un minuto. El resplandor se hizo más grande y se empezaron a ver las primeras luces. Era la calle por la cual veníamos caminando, que era un acceso a la ciudad. Resisto a la idea de decir que estábamos cansados,  pero esa era la realidad. La tierra se hizo asfalto. La oscuridad se convirtió en luz. Las primeras casas y los primeros faroles nos reconfortaron moralmente. Lo que más abundaba era la sed. Sed general. Mucha sed. Tal es así, que Dios quiso que una de las primeras casas fuera un almacén. Entramos casi todos a comprar gaseosas. Muchas. Algo de comer. Papas fritas, palitos salados, galletitas, maní. Más comida chatarra. Luego de un rato, el almacenero nos dijo: disculpen chicos pero no tengo más nada, ni gaseosa ni nada para tomar, el tipo se vendió todo en un rato. Era verdad, cuando entre de vuelta al local su heladera estaba vacía. Entonces continuamos caminando un rato mas, pero con los estómagos llenos de liquido, hasta el centro de la ciudad. Una media hora más aprox. Una vez en el centro, fuimos a donde paraba el colectivo que nos llevaba a Ezeiza. Estaba en pleno centro del pueblo. Y al ser una noche de sábado todo estaba encendido, listo. Mucha gente en la calle. Y nosotros parecíamos náufragos de verdad. O vagabundos. La cuestión era que todos nos miraban mucho, como a bichos raros. No sé por qué. Sería porque estábamos tirados en el medio de la plaza principal? Con todas las mochilas, cámaras y equipos?

 

“Humano roto y mal parado”

Se nos acerca la policía. Todos casi dormidos, o por lo menos yo estaba profundamente dormido. Alguien me patea. Era Sensei que me decía que buscaban al responsable. Llamo a Esteban. Se para y le cuenta la historia. Nos dejan estar ahí. Pero cuidando las formas por favor. Como a las doce llega el colectivo, subimos todo. Una vez arriba nos despatarramos. Nos descalzamos y todo el mundo sufrió nuestro olor a patas y a ajo, se abrieron la ventanillas al máximo. A las cuatro llegamos a Ezeiza y de ahí con las ultimas energías un tren a Temperley, y de ahí un colectivo a Quilmes. Nos despedimos rápidamente, hasta el próximo sábado.
Eran las seis de la mañana, de un domingo de diciembre del 91’. Nico y yo regresamos a casa caminando descalzos. Las topper blancas no entraban en los pies. Llegamos al porche de casa. Nuestro abuelo estaba levantado. Nos abre la puerta. La Expedición Salado I había terminado. Una semana después estábamos camino a otro campamento fuerte, Entre Ríos 92`, pero esa es otra historia.
F I N

Debo confesar que la Experiencia del Salado nos cambio la vida, la forma de sentir y pensar y que dejo huellas que todavía hoy, 20 años después, pueden verse en nuestras actitudes. Aunque  los caminos se bifurcaron, algo nos une.  La relación entre nosotros se templo, se fraguo. Y fue el inicio de una hermandad. Apuesto que todos la recordamos mucho… Y ese recuerdo nos dejo experiencia y aprendizaje. Algo que quema en nuestro interior. Una llama mística. Además el Cuervo  demostró ser un excelente amigo y hermano mayor, su confianza en Dios la agradecemos, nos enseño mucho, no solo de técnicas scout, sino también de espíritu scout, y espíritu de equipo. Creo que todos lo llevamos  con nosotros.
Varias veces se soñó  con una secuela de la Expedición Salado I. Algo así como una segunda expedición. Pero jamás se concreto. Creo que no soy el único en pensar que fue mejor así. De alguna forma el campamento vive adentro nuestro. Todavía en nuestras mentes. Todavía en los corazones.
Nota: en vísperas de un nuevo aniversario de lo sucedido en lugares que no puedo recordar con exactitud, y aclaro que este relato es solo mi recuerdo, y mis emociones, tal cual las viví y las recuerdo yo. NO solo que no se prohíbe, sino que se recomienda la reproducción y difusión, sobre todo que llegue a las personas implicadas en el asunto, ya 20 años después.
Nota 2: se invita a todos los que tuvieron participación a que sumen y refresquen el relato con sus propias conclusiones y vivencias. Abajo. Gracias.








En la Actualidad:
Plla Pampa: Adán Pardo. Vive en Bariloche, es Instructor de Montaña. Nicolás Pardo. Vive en Quilmes, es Músico. Diego Sebastián Sánchez Garzón “El Pibe Sensei”. Vive en Quilmes, hace Platería Criolla, Ignacio Pedetti “Nashua”, vive en Quilmes trabaja de.. , Daniel Menager “El Pampa” viven en Quilmes trabaja en Construcción y Mantenimiento,  Javier Stafforini “El Topi” vive en Quilmes, trabajo desconocido, Lucas “El Colo”, paradero desconocido.
Plla Kilme: Marcelo Reyes “Sipalki”, vive en Bélgica, trabajo desconocido, Gustavo Fernández “Kiki” vive en Paraguay, tiene una Casa de Cambio, Adrian Eduardo Vella “Cordero” Vive en Quilmes tiene una Distribuidora de Frutas Secas, Martin Mangui paradero desconocido, Carlos Iván Benavente Pinto  “Carlitos Escalante”, es Medico, paradero desconocido.
Dirigente: Esteban Andrés Corbo “El Cuervo” vive en Quilmes, trabaja en una Empresa dedicada a Ingeniería Electrónica.


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